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EQUINOCCIO DE PRIMAVERA Y LA SEMANA SANTA



Según las civilizaciones antiguas, con el equinoccio de primavera que se inicia 2l de marzo, se fecunda la madre tierra para gestar la vida durante nueve meses y concebir el 21 de Diciembre en el solsticio de invierno.

El primer domingo de plenilunio (luna llena) después del equinoccio de primavera comienza la pascua o domingo de ramos, que al restarle 40 días, indica el inicio de la cuaresma con el miércoles de cenizas y fin de las fiestas carnestolendas. 

Estos cuarenta días eran muy importantes para la preparación de las tierras y selección de semillas, esperando la luna menguante para utilizar el vigor y las mareas planetarias para integrarse a la agricultura y lograr los beneficios que ella sabe ofrecer.

La fecundación de la madre tierra se convierte en un gran misterio para la vida, es indescifrable, enigmático y místico, que a la luz del conocimiento intelectual sería impredecible el significado oculto que representa este evento de la naturaleza, y que solo a la luz del conocimiento más exaltado, con inteligencia superior donde prevalezca la conciencia y la sensibilidad humana se pudiese comprender estos grandes misterios.

Causalmente, con el equinoccio se inicia la semana santa, donde se celebra la pasión, muerte y resurrección del Cristo, pero nace el 24 de Diciembre con el solsticio de invierno, es decir, primero muere y luego nace. Esto nos desconecta rápidamente de los archivos mentales, de las pasiones intelectuales y de los falsos conceptos que nos alejan de verdades propias de la vida, de la naturaleza y de la conciencia humana.

La misma naturaleza nos invita a aprender: los principios biológicos de la vida y algunos principios filosóficos nos indican que “lo que muere debe nacer, lo que nace debe morir”. La semilla para poder nacer debe pasar por cambios en su estructura, dándole paso a la vida luego de morir. Es por eso que para nacer la planta, debe secarse la envoltura o parte externa de la semilla y en ocasiones al nacer  observamos  tallo y hojitas en forma de cruz y en ellas,  conchas o envoltorios de su origen.

Antes de la semana santa, deben preparase las tierras, eliminando las impurezas que ella tiene como las bacterias, hongos y animalitos que destruyen la capa vegetal, integrándose con los principios elementales de la vida. En la antigüedad y en algunos rincones de nuestras montañas donde se aplica la agricultura, se ofrecen oraciones, peticiones mágicas a los elementales de la naturaleza (tierra, agua, aire y fuego), solicitando ayuda a las divinidades para que nazcan nuevas vida para sus respectivos alimentos. Esto nos permite entender que para que nazcan las virtudes en nuestros corazones, debemos morir en el pecado, matar el odio para nazca el amor.  Entonces,  a partir de estas fechas, el campesino ancestral, el agricultor nato, aquel que ama la vida, se compenetra con los principios de la naturaleza solicitando sus bondades para ver el fruto que nos alimente. Grandes misterios de la naturaleza.

Prof. Ricardo noguera

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